Era Tan Solo Una
Impostora.
Mi Nombre es Janet Godinez, y ésta es mi historia.
Fui criada en un
hogar Cristiano y frecuentaba la iglesia todas las semanas de mi niñez. Mi
amiga fue salva cuando solo tenía 7 años un miércoles por la noche durante un
servicio de jóvenes. Le dije a mi mamá que quería hacer lo mismo que mi amiga
hizo. Mi mamá me ayudó a repetir una oración en mí casa, y al cabo de dos
semanas fui bautizada.
Por muchos años
luchaba con la cuestión de mi salvación. Al terminar la escuela superior,
ingresé en la Universidad de Bob Jones en Carolina del Sur, me casé, tuve tres
hijos, y continuaba pretendiendo ser una Cristiana, pero la verdad era que no
tenía ningún gozo ni paz en mi corazón.
Aunque continuaba
asistiendo a la iglesia, continuaba batallando con el pecado en mi vida. Durante
el mensaje de la mañana un Domingo, el pastor predicó sobre los versículos de
Mateo 7:21-23, en donde muchos que profesan ser salvos escucharan al Señor
decir, "Nunca os conocí;
apartaos de mí, obradores de maldad." Estaba aterrorizada. ¡Estaba
viviendo en pecado pero no quería ir para el infierno! Pasé al frente. Le
supliqué al Señor que no quería ir para el infierno. Pero todavía no me
había arrepentido de mis pecados. La triste realidad fue que continué viviendo
más en pecado que lo que había vivido antes.
Años pasaron. Me
divorcié de mi marido y continué viviendo una vida destructiva, la cual
afectó también a mis hijos. Mientras vivía en pecado, conocí a mi actual
esposo, Ricardo. Dios lo utilizó para abrirme los ojos a la verdad. Comenzamos
a asistir a la iglesia juntos. Tenía un trabajo lucrativo, una buena casa, tres
hijos, y un tremendo esposo. ¿Qué más podía desear?
Tres años después
que nos casamos, Dios empezó a llamarme la atención. Lo hizo por medio de
quitarme las cosas que adoraba. Mi esposo aceptó un trabajo en el condado de
Lehigh en Pennsylvania. Me resigné a deshacerme de mi tremenda casa. Fui
despedida de mi trabajo el primero de junio del 1999. Para completar, los tres
hijos míos se fueron a vivir con su papá en Seattle, Washington. Toda mi vida
se la había dedicado a mis hijos. Ricardo fue lo único que Dios me dejó.
El mes que nos
mudamos a Pennsylvania, encontramos la Iglesia Bautista del Condado de Lehigh
(Lehigh Valley Baptist Church). Ahora reconozco que fue Dios quién nos dirigió
a ésta iglesia. Reconocía que era una tremenda iglesia para Ricardo aprender
más de la Biblia, y para su crecimiento Cristiano. Estaba absolutamente segura
que era el lugar apropiado para que Dios trabajara en el corazón de Ricardo.
¡PERO ERA EN MÍ
CORAZÓN EN DONDE DIOS COMENZÓ A TRABAJAR! Nuevamente, las luchas y dudas del
pasado regresaron, pero me convencía que tenía que ser salva. Conocía
bastante de las Escrituras. Me sabía muchos himnos. Hasta me conocía historias
Bíblicas, las cuales muchos no conocían. Aunque continuaba orando, Dios sabía
que en lo profundo de mí corazón nunca me había arrepentido de nada.
Servicios de
avivamiento comenzaron y el domingo por la noche, el evangelista predicó sobre
la vida falsa de Judas. Dios me impresionaba con éstas palabras, Eres un
fraude e impostora. Tu nombre no es Janet sino Judas. Tú conoces las
palabrerías del Cristiano y cómo se debe conducir un Cristiano, pero la
realidad es que tú no me conoces.
Él me
dijo, Me has robado de tal manera como lo hizo Judas. Toda tu vida has
cantado en el coro de la iglesia, has tocado el piano y el trombón. Has
enseñado en la escuela dominical, dirigido el coro, hablado al grupo de damas,
hasta dirigidos otros seres a Cristo. Todo esto no lo hicisteis para mí. Tú
robaste mi gloria. Todo lo hicisteis para tú gloria. Endurecí mi corazón
y le dije a Dios que todo eso no era verdad, pero no hice nada más.
Me pasé llorando
toda la noche. Durante el próximo día, Dios estaba combatiendo mi orgullo. Mi
esposo me llamó desde su trabajo, y yo le rogué que fuésemos a otra iglesia.
No quería volver a los servicios de avivamiento. Mi esposo me contestó que
terminaríamos asistiendo a los servicios de avivamientos, y una vez
completados, discutiríamos el tema de buscar otra iglesia.
La noche del lunes,
11 de octubre del 1999 regresamos a la iglesia, aunque mi corazón me decía que
no deseaba estar allí. El mensaje esa noche del evangelista era sobre el tema
del orgullo y la necesidad de humillarnos ante Dios. Esa noche Dios
destrozó mi orgullo. Pasé adelante durante la invitación y confesé todo mi
corazón al Señor. Me arrepentí de todos mis pecados y le pedí a Dios que
salvara mi alma. Esa misma noche, Dios me salvó y cambió mi corazón y vida
para siempre.
No me arrepiento de
haber venido al condado de Lehigh en Pennsylvania. Todavía tengo a mí adorado
esposo. Dos de mis hijos también han venido a conocer a Jesucristo como su
salvador personal. Ahora estoy laborando para el Señor conjunto con mis
hermanos Cristianos. Mi hogar nunca había sido tan dulce. Lo más importante es
que he aceptado a mí Salvador. Tengo muchas amistades Cristianas y una iglesia
cuyos deseos es temer y complacer a Dios, la cual no concede la verdad
encontrada en la Palabra de Dios. ¡Gloria a Dios por su sabiduría y dirección
para con mi vida!