¡La Biblia es mucho más vigente que su diario!
07 Abril 2008 :
¡Jesús Vive!
Revisión Reina-Valera 1960
Por www.labibliaweb.com
En 1960 la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera y la Sociedad Bíblica Americana publicaron conjuntamente una revisión de la Biblia en español, conocida como la Versión Valera, la cual más debería ser designada como la versión Reina-Valera, ya que por primera vez fue traducida y publicada en 1569 por Casiodoro de Reina -después de doce años de trabajo intensivo- y luego fue publicada en 1602 en forma revisada por Cipriano de Valera, quien dedicó más de veinte años de su vida a la revisión y mejora de esta Biblia.
Este ha sido el texto básico de la iglesia evangélica durante varias generaciones; pero ha pasado por considerables cambios a través de los años, aunque muchas personas piensan que no ha sido modificada desde la Edad de Oro de la literatura española. En realidad, se han hecho una serie de revisiones menores, de las cuales la edición de 1909 fue la última y la más extensa: se hicieron más de 100.000 cambios de ortografía y puntuación y más de 60.000 cambios en las palabras. No obstante, la traducción tiene el inconfundible sabor de "antigüedad" y es muy amada por millones en España y América Latina. Sin duda, tanto Reina como Valera eran hombres de gran habilidad literaria y su traducción y revisión reflejan no sólo sensibilidad al estilo idiomático sino una comprensión excepcional de los problemas exegéticos.
A pesar de que esta traducción ha sido ampliamente usada y fervientemente amada (y defendida), en los años antes de 1950 (cuando se inició la presente revisión), las Sociedades Bíblicas recibieron muchas sugerencias para hacer considerables modificaciones. No hubo una opinión organizada con respecto a dichos cambios, y un estudio de los cambios sugeridos indicó que habían propuestas para hacer correcciones de todo tipo. Finalmente, se le pidió al secretario de traducciones de la Sociedad Bíblica Americana que estudiara la situación en América Latina y España, y que determinara si era necesaria una revisión, y de ser así, cómo debería hacerse.
Principios Básicos Y Procedimientos Seguidos En El Desarrollo De La Revisión
En 1960 la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera y la Sociedad Bíblica Americana publicaron conjuntamente una revisión de la Biblia en español, conocida como la Versión Valera, la cual más debería ser designada como la versión Reina-Valera, ya que por primera vez fue traducida y publicada en 1569 por Casiodoro de Reina -después de doce años de trabajo intensivo- y luego fue publicada en 1602 en forma revisada por Cipriano de Valera, quien dedicó más de veinte años de su vida a la revisión y mejora de esta Biblia.
Este ha sido el texto básico de la iglesia evangélica durante varias generaciones; pero ha pasado por considerables cambios a través de los años, aunque muchas personas piensan que no ha sido modificada desde la Edad de Oro de la literatura española. En realidad, se han hecho una serie de revisiones menores, de las cuales la edición de 1909 fue la última y la más extensa: se hicieron más de 100.000 cambios de ortografía y puntuación y más de 60.000 cambios en las palabras. No obstante, la traducción tiene el inconfundible sabor de "antigüedad" y es muy amada por millones en España y América Latina. Sin duda, tanto Reina como Valera eran hombres de gran habilidad literaria y su traducción y revisión reflejan no sólo sensibilidad al estilo idiomático sino una comprensión excepcional de los problemas exegéticos.
A pesar de que esta traducción ha sido ampliamente usada y fervientemente amada (y defendida), en los años antes de 1950 (cuando se inició la presente revisión), las Sociedades Bíblicas recibieron muchas sugerencias para hacer considerables modificaciones. No hubo una opinión organizada con respecto a dichos cambios, y un estudio de los cambios sugeridos indicó que habían propuestas para hacer correcciones de todo tipo. Finalmente, se le pidió al secretario de traducciones de la Sociedad Bíblica Americana que estudiara la situación en América Latina y España, y que determinara si era necesaria una revisión, y de ser así, cómo debería hacerse.
Investigación Sobre La Necesidad De Una Revisión
Una investigación de campo sobre el sentir de los evangélicos en América Latina y España pronto reveló que había una opinión general de que se debía hacer algo para modernizar el texto de la Reina-Valera. Cuando se preguntó a grupos de personas si estaban a favor de una revisión, la reacción casi inmediata fue que varios participantes señalaron pasajes tras pasajes que eran oscuros o arcaicos en su forma. Asimismo, casi todos indicaron su profundo amor por el texto y el hecho de que no estaban dispuestos a perder "el sabor de la época". Las sugerencias de cambios se agruparon en cuatro categorías:
1) ortografía, especialmente la eliminación de acentos obsoletos y la simplificación de la escritura de los nombres propios;
2) términos desconocidos o que pudieran ser mal interpretados, de los cuales había en abundancia debido a los cambios radicales en el español al correr de los años;
3) una construcción gramática poco elegante, que confundía al lector y dificultaba la lectura de las Escrituras en público;
4) una exégesis inadecuada de ciertos pasajes, especialmente los que no eran coherentes con otras verdades bíblicas o que obviamente eran contradictorios a las traducciones en las Biblias de otros idiomas europeos, por ejemplo, portugués, francés o inglés.
Algunas Dificultades
Parte de la dificultad para decidir el tipo y la cantidad de cambios que se deberían hacer para servir y satisfacer a la comunidad bíblica, era el hecho de que a pesar de hacer un número limitado de cambios, la comunidad evangélica de habla hispana en América Latina es bastante conservadora en cuanto a la interpretación y el uso de la Biblia.
Las personas de más alto nivel académico naturalmente tendían a desear cambios más radicales, mientras que las personas de menos educación básicamente estaban muy sospechosas de los cambios. De hecho, en ciertos grupos, los pastores no querían hacer la menor sugerencia de cambios en el texto por temor a que pudiera parecer que estaban manipulando la Palabra de Dios.
En una ocasión, la sola mención de "manuscritos" en una charla sobre la historia de la Biblia en español causó una expresión de profunda preocupación por parte de un pastor, que se levantó, y en una súplica casi con lágrimas, mostró un ejemplar bastante gastado del texto Reina-Valera y dijo: «¿No es esta la Palabra de Dios?» En el otro extremo, los profesores de seminarios y muchos institutos bíblicos solicitaban a las Sociedades Bíblicas que se considerara una revisión radical de la Biblia, que la pondría completamente al día, no sólo en las formas ortográficas y gramaticales, sino también en los aspectos textuales y exegéticos.
Muchas de estas personas hubieran preferido la publicación de la versión Hispanoamericana (una traducción totalmente nueva del Nuevo Testamento publicada a comienzos del siglo XX) con el Antiguo Testamento de la misma calidad. Pero estos sentimientos, aunque por cierto reflejaban una evaluación inteligente de los problemas textuales y exegéticos, no tomaban en consideración el deseo preponderante de las iglesias en general de que se mantenga en lo posible la forma y el significado de la Reina-Valera. Por lo tanto, nuestro problema básico al tratar de evaluar los juicios emitidos del texto de la Reina-Valera, era tener opiniones concretas cualitativas y cuantitativas de los cambios que se debían hacer y la cantidad de los mismos.
Para lograrlo recortamos páginas de las Biblias impresas y las pegamos en hojas más grandes con cinta adhesiva arriba y abajo. Luego en diferentes grupos de iglesias se discutió sobre una posible revisión y se distribuyó la mayor cantidad posible de estas hojas a todas las personas dispuestas a recibirlas. Estas personas debían revisar los pasajes en cuestión y escribir en el margen los cambios que les parecía que se debía hacer. Se les dijo que no necesitaban indicar la solución a un problema sino que simplemente pusieran un signo de interrogación junto a cierto pasaje o expresión que no estuviera claro y que probablemente debía cambiarse.
Sinceramente, fue sorprendente ver la cantidad de personas que aceptaron esas hojas y cuántas de ellas, de todos los niveles, desde pastores hasta laicos que apenas sabían leer, estuvieron dispuestas a cooperar. No obstante, no esperábamos recibir de vuelta muchas de las hojas, porque como sucede en muchos de estos experimentos, muchas personas se ofrecen para cooperar pero cuando se trata de cumplir "el espíritu está dispuesto pero la carne es débil". Sin embargo, en este caso, fuimos inundados de material, recibiendo más de 1.700 páginas. La mayoría de éstas estaban marcadas, pero en muchos casos se recibieron largas listas de sugerencias para hacer cambios, de las personas que les resultaba costoso enviar las hojas originales por separado a la Sociedad Bíblica.
Ventajas Del Método
Estas hojas de prueba tenían varias ventajas importantes:
1) sirvieron para convencer a las personas que la revisión que se estaba llevando a cabo reflejaba lo que ellas deseaban que se hiciera (y esto era cierto);
2) la cantidad de respuestas y el número de cambios eran prueba muy clara de la necesidad de una revisión; y
3) el comité pudo usar estos comentarios como una valiosa evidencia de la clase de revisión que el pueblo deseaba.
Un estudio minucioso de los cambios sugeridos confirmó, sin lugar a dudas, que existía el deseo de una revisión; pero fue muy interesante notar que a la mayoría no le interesaban los cambios del texto o de la exégesis. De hecho, lo que claramente se indicaba era el deseo de una revisión que pusiera al día el idioma, pero que en lo posible no se modificara el significado de la Biblia.
¿Dar Lo Que La Gente Necesita O Lo Que Desea?
Las Sociedades Bíblicas tenían que decidir si le daban al pueblo lo que necesitaba pero que probablemente no aceptaría (una revisión completa de la Reina-Valera), o si les proveía lo que obviamente deseaban, una leve revisión de las formas ortográficas, gramaticales y léxicas.
En la historia de las revisiones de la Biblia hay muchos ejemplos de revisiones que aparentemente se adelantaron a su tiempo, ya que lograr que las personas acepten ciertas modificaciones de la Biblia toma un largo proceso de educación. No se puede obligar a las personas a recibir lo que creemos que necesitan. Se les debe ayudar a darse cuenta de que lo necesitan. En consecuencia, parecía ser más prudente planificar una revisión limitada, más o menos de acuerdo a lo que deseaba el público, y luego más tarde preparar un texto de la Biblia en español totalmente nuevo que supliera las necesidades de los estudiantes seminaristas y laicos de mayor nivel académico.
La necesidad de un texto de la Biblia tan radicalmente diferente es, por supuesto, muy importante. Nótese que la iglesia católica romana ha publicado tres Biblias en español en los últimos años: (1) Bover-Cantera, (2) Nacar-Colunga y (3) Straubinger, cada una de las cuales en ciertos aspectos refleja una posición exegética más contemporánea que la que se halla en la revisión Reina-Valera 1960.
Los pastores de las iglesias evangélicas en América Latina estuvieron conscientes de la necesidad de una revisión más profunda o de una nueva traducción; pero también reconocieron el problema de las congregaciones muy tradicionalistas que necesitaban ayuda para comprender las dificultades. Por lo tanto, estos pastores convinieron en apoyar al cien por ciento la revisión limitada de la Reina-Valera, teniendo en cuenta que cuando se terminara esta revisión las Sociedades Bíblicas comenzarían una revisión más profunda o harían una nueva traducción.
Es así como en 1960, la Sociedad Bíblica Americana y la Sociedad Bíblica. Británica y Extranjera comenzaron una nueva traducción de la Biblia en español, que debía publicarse dentro de los siguientes cinco o seis años.
¿Quiénes Fueron Los Responsables De La Revisión Reina-Valera 1960?
La Sociedad Bíblica Británica y Extranjera y la Sociedad Bíblica Americana, que operan en América Latina como las Sociedades Bíblicas en América Latina, asumieron total responsabilidad por esta revisión, incluso el nombramiento de comités, el financiamiento de la revisión y la publicación del texto. Trabajaron realizando constantes consultas con los pastores, no sólo de las denominaciones más antiguas y mejor conocidas sino también de las nuevas e independientes, y muchas veces con grupos compuestos completamente de nativos.
Estas consultas no sólo se llevaron a cabo extensamente por representantes de las Sociedades Bíblicas en América Latina y España sino que principalmente se realizaron a través de comités consultivos. Para el Nuevo Testamento hubo ochenta consultores y para el Antiguo Testamento hubo sesenta que recibieron copias mimeografiadas del texto revisado y a quienes se les pidió que las devolvieran junto con sus comentarios sobre la revisión.
Estos consultores fueron escogidos de acuerdo a su competencia en estudios bíblicos, ubicación geográfica y afiliación denominacional. Contrariamente a lo que suele suceder en América Latina casi un setenta y cinco por ciento de los consultores respondieron con sugerencias sobre el texto, y para gran sorpresa del comité, casi todas las sugerencias tenían que ver con más cambios.
En realidad, el total de cambios adicionales que se pedían era un poco más de 10.000, cada uno de los cuales tenía que ser cuidadosamente clasificado y considerado por el comité en su última gran sesión. Las decisiones finales en cuanto al texto de la revisión de la Reina-Valera estaban en manos de un comité editorial que se había nombrado para el programa, ya que una vez que fue nombrado el comité, los representantes de las Sociedades Bíblicas eran únicamente consejeros del comité, sin derecho a voto en las decisiones.
La Organización Del Trabajo
El trabajo básico en la revisión fue hecho por un comité editorial de seis personas: Juan Díaz G. (de México), Honorio Espinoza (de Chile), Francisco Estrello (de México), Alfonso Lloreda (de Venezuela), Henry Parra S. (de Colombia) y Alfonso Rodríguez H. (de Cuba). Según los planes originales, se esperaba poder hallar un miembro que fuera de la zona del Río de la Plata de Sud América (Argentina, Uruguay y Paraguay), pero por varios motivos esto no fue posible.
El comité editorial estuvo compuesto de dos metodistas, tres presbiterianos y un bautista; pero estos hombres no fueron escogidos por su afiliación denominacional sino porque eran muy competentes en estudios bíblicos. Todos ellos en una u otra oportunidad habían enseñado en seminarios bíblicos; tres eran presidentes de seminarios; tres eran predicadores y oradores muy distinguidos; y uno era un poeta muy conocido en círculos evangélicos.
Todos los miembros del comité participaron en las cuatro sesiones, pero un miembro del comité abandonó el programa durante las siguientes reuniones del subcomité. Desafortunadamente, dos miembros del comité, Francisco Estrello y Honorio Espinoza, murieron antes de la publicación de la edición. Las reuniones regulares del comité consistieron de cuatro sesiones de seis semanas cada una, llevadas a cabo en los meses de enero y febrero de 1950 a 1953, en tres distintas localidades: San José, Costa Rica; Lima, Perú; y Ciudad de México (dos veces).
En cada una de las reuniones hubo representantes de las Sociedades Bíblicas: John H. Twentyman, de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, y Eugene A. Nida, de la Sociedad Bíblica Americana; pero ellos no tenían voto en las reuniones. La responsabilidad de ellos era ayudar con los arreglos prácticos de las reuniones, asistir al comité en la búsqueda de datos de los comentarios o proveer información sobre ciertos problemas exegéticos y lingüísticos, y ayudar a preparar copias para los borradores mimeografiados que había que enviar a los consultores.
Desde la tercera sesión se nombró un secretario para el comité, Percy C. Denyer, que tomó notas de las decisiones del comité, dio lectura a las hojas de pruebas y sistematizó varios aspectos técnicos del trabajo. Él tampoco tenía voto. Al ir desarrollándose el programa, aumentaron, por supuesto, las responsabilidades del señor Denyer, porque él…
1) recibía sugerencias de los consultores y las clasificaba para el estudio del comité;
2) controlaba la revisión para que haya coherencia y presentaba tales problemas al comité;
3) se aseguraba que los cambios automáticos se hicieran coherentemente a través de todo el texto (según autorización del comité);
4) montaba las copias para la imprenta; y
5) preparó una concordancia limitada y más tarde exhaustiva para acompañar al texto.
El comité quedó agradecido con el señor Denyer por la minuciosa atención que le daba a cada detalle y por la precisión y exactitud en tantas de las fases del trabajo.
Principios De La Revisión
A fin de llevar a cabo un trabajo coherente dentro de los aspectos bien definidos de la revisión, como obviamente lo requerían las iglesias, era de suma importancia que el comité preparara una serie de principios detallados que sirvan de guía para el programa. Esto se hizo al comienzo mediante:
1) un cuidadoso estudio de las numerosas sugerencias enviadas antes que se iniciara el programa;
2) detallando las implicaciones de dichos principios en ciertos pasajes; y
3) amplificando los principios, dando más ejemplos de pasajes bíblicos y estudiando las implicaciones sobre todo el trabajo de traducción, incluso ortografía, gramática, exégesis y formato (por ejemplo, párrafos y sangría poética de pasajes citados).
Al comienzo se formularon unos treinta y seis principios (que fueron, por supuesto, ampliándose a medida que avanzaba el trabajo), y estos se siguieron coherentemente, en cuanto era posible. Además, como se comprobó más adelante, cuando fueron alterados ciertos principios que trataban sobre detalles menores, se le indicó al secretario que revisara todo el texto antecedente y que hiciera los cambios según las modificaciones sugeridas.
No obstante no se hicieron modificaciones radicales en los principios básicos, como por lo general es el caso. El comité descubrió que la aplicación de algunos de los principios resultó en muchos más cambios de los que se había anticipado. La rigurosa adopción y seguimiento de los principios tuvo varias ventajas: (1) se pudo mantener mayor coherencia a través de la revisión, (2) se pudo evitar debates repetitivos, ya que cuando un principio era del todo aceptado, se pudieron hacer muchos cambios sin tratar asuntos anteriores, y (3) los argumentos durante las sesiones se podían enfocar en los principios, y no en algún miembro del comité, y de ese modo las discrepancias en opiniones podían ser más impersonales. En otras palabras, en lugar de que los miembros discutieran unos contra otros, podían atacar los principios, aunque tal vez desde distintos puntos de vista.
¿Cuáles Eran Los Límites De La Revisión?
Los principios incluían declaraciones bien definidas con respecto a los límites de la revisión, que primordialmente debía ser formal y no exegética. No obstante, no es fácil seguir esta clase de principios, porque no siempre es fácil decidir exactamente cuándo un término es realmente obsoleto y cuándo es exegéticamente malinterpretado. No obstante, con sorprendente coherencia, el comité se abstuvo de hacer cambios exegéticos importantes.
Sin embargo, en algunos casos, donde es preferible tener un texto crítico que el tradicional Textus Receptus, el comité hizo leves cambios, particularmente si dichos cambios eran en versículos no muy conocidos donde no sería muy molesto para la comunidad bíblica. En varios casos ciertas modificaciones en exégesis y texto fueron presentadas a través del texto previo al de 1909 de la Reina-Valera, pues se halló que en muchos casos la forma de la Reina-Valera que circuló antes de 1909 era muy superior a la revisión de 1909, que aparentemente se había hecho sin prestar mucha atención a la coherencia y sin minucioso escrutinio de ayudas exegéticas valiosas.
Si había serias diferencias de opinión entre los miembros del comité sobre cierta traducción en particular (esto no era algo que ocurría comúnmente), el procedimiento que se seguía era dejar la discusión para otro momento de la misma sesión. Si para entonces no se llegaba a un acuerdo, el problema se enviaba a los consultores. En cada caso, para la próxima sesión, el comité llegaba a un acuerdo mutuo.
En el momento de la votación fue fácil llegar a un empate, pero generalmente las decisiones eran unánimes y se registraba informalmente el acuerdo, pero, como se indica arriba, cuando había un voto de empate, se posponía la decisión final. Cuando se presentaban problemas ya muy complejos, se les pedía a los representantes de las Sociedades Bíblicas que sometieran información de varios comentarios o fuentes técnicas, aunque, por supuesto, los miembros del comité tenían acceso a una variedad de comentarios en su trabajo y constantemente consultaban varias traducciones en español, francés, portugués, alemán e inglés.
Los Consultores
Como se ha mencionado, hubo sesenta consultores para el Antiguo Testamento y ochenta para el Nuevo Testamento, con una participación muy sorprendente. Esto se logró principalmente por el contacto personal previo con estas personas y el hecho de que los representantes locales de las Sociedades Bíblicas cooperaron muy efectivamente en despertar el interés de estas personas, animándolas a cooperar.
Los miembros del comité editorial hicieron todo lo posible para consultar personalmente con estas personas nombradas y hubo considerable correspondencia con los consultores, para que se dieran cuenta que se usaban sus servicios y que sus contribuciones eran muy apreciadas. Además de los consultores regulares había dos consultores especiales, que leyeron toda la Biblia considerando sólo el estilo. Estas personas tienen muy amplios conocimientos literarios y contribuyeron con sugerencias para pulir las traducciones. Otro consultor especial revisó todo el texto desde el punto de vista exegético y le entregó al comité una lista de sugerencias para lograr un trato exegético más coherente del texto. Para el Nuevo Testamento el comité editorial tuvo la ayuda del doctor Adolfo Araujo de España, que hizo un estudio muy detallado del texto, la exégesis y el estilo.
Los Procedimientos En Detalle
Durante la primera sesión, el comité editorial llevó a cabo el siguiente programa:
1) estudiaron las sugerencias sometidas, que habían sido clasificadas especialmente para el uso del comité;
2) formularon algunos principios básicos;
3) aplicaron esos principios a pasajes selectos;
4) expandieron los principios básicos; y
5) terminaron los borradores preliminares de varios libros del Nuevo Testamento.
Al final de cada sesión, los miembros del comité editorial escogieron varios libros de la Biblia que revisaron entre sesiones y que luego presentaron al resto del comité.
En las sesiones, cada persona daba lectura a su propio borrador, preparado antes de llegar a las reuniones, y mientras hacía la presentación de su borrador, la persona oficiaba de presidente de mesa. La lectura del borrador fue seguida con sumo cuidado por los otros miembros del comité, que se fijaban en el texto del griego o el hebreo, revisaban las traducciones extrañas con los comentarios y se fijaban en las expresiones de otras traducciones.
La lectura en voz alta de toda la Biblia fue ventajosa para descubrir expresiones desafortunadas que no se observaron en una impresión anterior; pero que con más facilidad se podían detectar en una lectura oral. En cuanto era posible, el trabajo se hacía rotativamente cada día para que nadie tuviera que leer en voz alta o ser el presidente de mesa por espacios prolongados de tiempo.
El comité trabajó un promedio de siete horas al día, con cortos descansos en la mañana y en la tarde. En algunos casos, para poder terminar alguna porción, el comité tuvo sesiones un poco más largas; pero se descubrió que después de siete horas era casi imposible para el comité hacer un trabajo minucioso y adecuado.
¿Cuánto Tiempo Llevó Revisar Toda La Biblia?
Después de las cuatro sesiones principales, de seis semanas cada una, se había revisado toda la Biblia y se habían debatido las principales sugerencias de los consultores. Luego hubo tres importantes sesiones del subcomité que duraron de una a dos semanas cada una. En estas sesiones se trataron problemas especiales sobre el proceso de preparar las copias para la imprenta o detalles que fueron sugeridos por correctores de pruebas y otras personas encargadas de las fases más técnicas del trabajo. Todos los demás problemas se trataron por correspondencia.
Siempre que en las sesiones del subcomité hubo problemas que de alguna manera pudieran afectar los principios básicos los miembros presentes tomaban un "acercamiento conservativo" al tratarse de más cambios, refiriéndoles a los demás miembros del comité cualquier caso específico que parecía ir más allá de los principios o procedimientos establecidos.
¿Cuál Fue El Aporte De Los Consultores?
El comité preparaba los borradores usando hojas grandes de papel blanco donde pegaba las páginas del texto; luego ese texto era mecanografiado en sténciles (plantillas), corregido, mimeografiado y enviado inmediatamente a los consultores, para que antes de la siguiente sesión anual el comité pudiera tener una idea general sobre la aceptabilidad del texto. No obstante, las sugerencias para hacer cambios no se trataban hasta que todo el trabajo estuviera completado y hasta que todas las sugerencias pudieran ser clasificadas, primeramente por la clase de modificaciones, y en segundo término, por pasajes.
Todas las sugerencias, que tenían que ver con un cambio en particular o con algún versículo en especial, tenían que ser estudiados al mismo tiempo, porque los consultores a menudo tenían opiniones contradictorias sobre ciertos cambios. La preparación del texto para entregar a los consultores requirió el mimeografiado de más de doscientos cincuenta mil hojas de papel, y el total de esténciles fue un poco más de 3.300.
Aunque este fue un proceso bastante trabajoso y que nos tuvo bajo mucha presión (porque tratábamos de mimeografiar todo poco tiempo después que terminara cada sesión), era necesario ya que cualquier problema que se presentara constantemente tenía que ser controlado por el comité, ya que a veces la copia no era muy legible después que se habían hecho varios cambios, se había borrado y se había escrito de nuevo. No obstante, valió la pena este mimeografiado del texto, ya que el comité no sólo recibió ayuda muy valiosa de los consultores, sino que las iglesias sintieron tener una representación adecuada en todo el proceso. Los procedimientos que se adoptaron no incluyeron el acostumbrado sistema de levantar actas, ya que las decisiones del comité se registraban en el borrador que se preparaba para mimeografiar.
No obstante, el secretario preparaba listas de todas las decisiones en general, incluyendo aspectos léxicos que tendrían que ser controlados a través de concordancias o cambios ortográficos y gramaticales, que tendrían que revisarse a través de todo el texto. Además, el secretario Nida tomó notas muy comprensivas de problemas típicos, para tener datos de referencia sobre el trabajo y para darle información al comité sobre debates anteriores. Al mismo tiempo, se hacía un informe bien detallado al final de cada sesión anual, nombrando todo el trabajo importante que se había realizado, las decisiones tomadas y los procedimientos bosquejados para el futuro.
Corrección Del Texto
Como ya se ha mencionado, el secretario tuvo cada vez más trabajo a medida que iba progresando el proyecto, porque era necesario asegurarse de la coherencia en el trabajo, para tratar de forma eficaz todas las sugerencias de los consultores, y para preparar copias para la imprenta. Este trabajo editorial puede ser descrito en las siguientes fases:
1. Cambios ortográficos coherentes.
Esto incluyó: a) la escritura de los nombres propios, aunque el comité autorizó únicamente la simplificación de la forma de escritura en la Reina-Valera, no la corrección de la transcripción de los términos griegos y hebreos; b) puntuación de acuerdo al uso contemporáneo (refiriendo al comité todos los cambios que tuvieran que ver con modificaciones en la interpretación); y c) el uso de acentos según la reciente adopción de la Real Academia Española.
2. Uso coherente de términos.
No se trató de producir una traducción estrictamente "concordante", ya sea en el uso de palabras o en pasajes paralelos. En primer lugar, la versión de 1909 estaba lejos de ser coherente en tales aspectos, y tratar de poner a punto todo el texto hubiera sobrepasado en gran manera los principios establecidos para esta versión limitada.
Por otro lado, el comité no quería cambiar una palabra en un pasaje paralelo sin hacer un cambio similar en el pasaje correspondiente, si las palabras en cuestión tenían la misma dificultad básica de comprensión. En otras palabras, el comité no quería añadir más dificultad al "problema sinóptico" causando aun mayor incoherencia; pero al mismo tiempo había el sentir de que el comité debía tratar de "adaptar" los pasajes para justificar una mayor coherencia con los textos del griego o el hebreo. En el caso de las citas del Antiguo Testamento dadas en el Nuevo Testamento, el comité también deseaba ser coherente pero no al extremo de introducir conformidad artificial.
3. Coherencia en la aplicación de principios.
El secretario comprobó que en varios casos menores el comité había aplicado los principios en la mayoría de los mismos; pero no lo había hecho en otras circunstancias similares. Estos problemas fueron presentados al subcomité para que tomara acción. Resulta que los impresores que primeramente prepararon el texto de esta revisión de la Reina-Valera no tomaron en consideración la necesidad de los espacios adecuados entre las palabras (el idioma español requiere de más espacio entre las palabras que el inglés, porque la estructura de las sílabas puede ser causa de mucho malentendido si el espacio no es suficiente entre las palabras). Esto significaba que toda la Biblia tenía que ser trabajada de nuevo.
Este hecho tuvo una ventaja, ya que la primera composición tipográfica del texto fue leída por cinco correctores que hallaron varios detalles que pudieron ser corregidos en la segunda composición tipográfica. Esta circunstancia dio lugar a un "comité de lectura"; cuya atención iba dirigida, a aspectos prácticos de coherencia y no a aspectos exegéticos o de mejoras estilísticas.
Notas De Traducción Para El Lector
Debido a ciertas limitaciones de la Revisión de 1960 de la Reina-Valera, el comité no incluyó las acostumbradas notas de ayuda para el lector, que incluyen importantes lecturas y traducciones alternativas. Como esta revisión no sigue un texto crítico, tales traducciones y lecturas serían bastante contradictorias, porque sólo las lecturas y traducciones más exactas ocurrirían en notas al pie de la página. Además, el sentir era que el presente nivel de comprensión bíblica entre el laicado de América Latina no se beneficiaría mucho de tales ayudas en el margen, ya que serían más desconcertantes que útiles.
Por otro lado, el comité ha usado algunas notas, incluso (1) las acostumbradas explicaciones de ciertos nombres propios en hebreo, donde el significado del pasaje tiene que ver con la comprensión de la palabra hebrea, por ejemplo, Jacob y Esaú, y (2) la comprensión de ciertas palabras que no tienen un uso amplio en círculos evangélicos, como por ejemplo Hades, Seol y Asera.
Corrección De Pruebas
La corrección de pruebas del texto impreso se hizo por cinco distintas personas además de los correctores de la imprenta. Todas estas pruebas fueron enviadas al secretario, que las comparó e hizo un juego final de correcciones para la imprenta. Por supuesto, hubo bastante discrepancia entre los correctores; pero hubo suficiente diversidad en los errores que hallaron las distintas personas. Cuando se prepararon hojas de prueba de las galeras y fueron devueltas para ser corregidas, tres personas las controlaron, y las hojas de prueba revisadas fueron controladas por dos distintas personas. Similarmente, las pruebas en planchas fueron revisadas por dos personas.
Todo esto se hizo además de la corrección de pruebas hecha por los correctores de la imprenta. En general, por supuesto, la costumbre es producir un Evangelio, luego tal vez un Nuevo Testamento, y sólo después de eso toda la Biblia. En este caso, no obstante, las Sociedades Bíblicas recibieron mucho consejo de los latinoamericanos mismos en contra de tal procedimiento, ya que les parecía que una edición preliminar causaría contención y dificultades innecesarias.
En el pasado, las Sociedades Bíblicas en América Latina han acostumbrado simplemente producir otra edición con ciertos cambios; y cuando esto se ha hecho sin mucha publicidad los resultados parecen ser mejores. Además, todo señaló que la revisión de 1960 tenía el apoyo de la vasta mayoría de las iglesias y no se anticipaban dificultades, aunque, naturalmente, siempre habría alguna oposición, porque ciertas personas no pueden vivir sin criticar a los demás, y la presentación de una revisión de las Escrituras les da motivo de sobra. Pero se hizo, no obstante, una prueba de la revisión sin que el pueblo se diera cuenta de ello.
Dos Evangelios ilustrados fueron publicados con el nuevo texto y tanto las Porciones de Navidad como de Semana Santa tenían el nuevo texto, y hasta la fecha no ha habido la menor crítica ni oposición al texto usado en estas publicaciones. La verdad es que la mayoría de las personas no estaban enteradas de que estas publicaciones eran en forma revisada. Esto es, por supuesto, lo que el comité deseaba, porque parecía mejor modificar un poco la Reina-Valera para hacerla más comprensible, sin que se notara que se hubieran hecho cambios.
En la publicidad que se preparó para presentarle al público la revisión de 1960 los temas constantes eran (1) la naturaleza limitada de la revisión y (2) el hecho de que el comité hizo exactamente lo que se había hecho muchas veces antes, es decir, actualizar el texto para que se conforme más al uso actual del idioma, sin perturbar el estilo de la traducción tradicional.
Evaluación General De Los Procedimientos
Hay que reconocer que una revisión completa de la Biblia hecha en cuatro sesiones principales y tres reuniones del subcomité sólo fue posible porque: 1) los miembros del comité trabajaron mucho entre sesiones; 2) la revisión era esencialmente de carácter limitado, principalmente en aspectos de forma y estilo y no en la interpretación y el texto; y 3) el secretario tenía cualidades únicas en el trato cuidadoso de cada detalle. Es, por supuesto, posible ver ahora varias modificaciones que se pudieran haber hecho para mejorar los procedimientos y agilizar el trabajo. Estas incluyen: a) el nombramiento de un secretario de tiempo completo desde el principio b) el uso de más de una persona en la preparación de las copias para la imprenta (este es realmente un trabajo muy duro) c) posiblemente imprimir los borradores básicos en lugar de mimeografiarlos para el envío a los consultores.